Adiós, Chicago

Para dirigirnos al aeropuerto O’Hare, desde nuestro alojamiento, reservamos 50$ para poder ir cómodamente en taxi, sin el agobio de ir cargados de bolsos, bolsas y maletas en autobús y metro. Conviene decir exactamente al taxista el número de Terminal (normalmente será la Terminal 3) para evitar tener que dar vueltas inútiles por el aeropuerto; el aeropuerto O’Hare es muy grande, creo recordar que el de mayor tráfico aéreo de los Estados Unidos, y si os confundís es probable que tengáis que coger un trenecito interior para cambiar de Terminal.

Tas pasar facturación (en esta ocasión llevábamos bultos de vuelta de David) y los pertinentes controles, incluido scanner corporal, nos dirigimos a la sala vip del aeropuerto, situada justo al lado de nuestra puerta de embarque, donde pasaremos los últimos momentos de nuestra estancia en Chicago. Muchas cosas nos quedaron por ver pero esto es lo que “dieron de sí” los cuatro días de que disponíamos.

Debido a la diferencia horaria el viaje de vuelta se te hace mucho más largo que el de ida, sales a las 16:00 de Chicago y llegas a las 7:00 del día siguiente a Madrid, por lo que es aconsejable dormir todo lo que puedas. Aún así, padeceremos el jet-lag unos cuantos días después del viaje.

Adiós, Chicago!