Paseo al planetario

Comenzamos la mañana del cuarto día dando un paseo hasta el Planetario Adler, atravesando el Museum Campus de Chicago, un fabuloso espacio verde al este de Chicago, junto al lago Míchigan, con diversas atracciones para ver: el acuario, el Museo Field, el planetario y el Soldier Field. Nuestro paseo comienza en la estación de metro de Roosvelt, en nuestra querida línea roja de metro, la misma desde la que el día anterior nos habíamos dirigido al club de jazz Showcase.

Toda la zona de este espacio está dedicado a la naturaleza, contando con grandes zonas de paseo, marcados por senderos y caminos, zonas de juego y vistas espectaculares de los rascacielos de Chicago.

Antes de adentrarnos en el Museum Campus, en el extremo sur de Grant Park, entre South Michigan Avenue y Roosvelt Road, nos encontramos con estas esculturas de hierro que representan un grupo de “medio figuras humanas” que se acercan y alejan entre sí, y que te invitan a mezclarte entre ellas formando parte activa del conjunto. Ágora es su título, recordando a la antigua Grecia, para mostrarnos una representación de lo colectivo, de ideas compartidas que se reunen en un lugar público para la discusión, la meditación, la concentración, la preocupación…    

Tras recorrer senderos y caminos por el Museum Campus, y pasar frente al Acuario, a la entrada del cual, si tienes oportunidad y hambre, puedes disfrutar del típico perrito caliente estilo Chicago que venden en un puesto callejero, llegamos al extremo Este del parque, donde se encuentra situado el Planetario. Desde aquí, se suponía que íbamos a disfrutar de impresionantes vistas del horizonte de rascacielos de la ciudad, pero este día caían “chuzos de punta”, como se puede apreciar en la foto, y tan solo conseguimos estas siniestras vistas (aunque no menos espectaculares) en las que las puntas de los rascacielos de la ciudad apenas se distinguían de entre las nubes.

Nuestra intención no era visitar el Planetario, sino tan solo disfrutar del paseo por el parque de los museos y de las espectaculares vistas de Chicago desde este lugar. Así que, tras, eso sí, deleitar un estupendo desayuno, acompañados por la casual música de una banda local, en la cafetería del Planetario, regresamos sobre nuestros pasos, paragüas en mano, para reunirnos con David.